¿Cómo detectar a un cliente directo? Algunas razones ¿para odiarlo o amarlo?

Tras haber creado la entrada https://devadiprivero.com/2012/11/28/como-detectar-a-un-traductor-25-razones-para-odiarte-o-para-amarte/ , en la que destripaba alguna de las generalidades (estereotipos) de los traductores, ahora describo generalidades, repito, generalidades que surgen con el trato de clientes directos.

Como antiguo gestor de proyectos (PM) a tiempo completo, actual colaborador en la gestión de proyectos y, también, traductor, puedo aportar la visión que aparentan tener los clientes directos sobre la profesión de traductor. Lejos de redactarlo como queja (de esto ya hay mucho escrito y con mucha razón) o con ganas de increpar (no toda la población del planeta tiene que saber en qué consiste la labor de un traductor), el artículo simplemente intenta destacar algunos rasgos comunes de este tipo de clientes.

El cliente directo de un traductor es aquel que contacta con el traductor sin intermediarios —de por medio, valga la redundancia y con razón— con el fin de que realice los servicios para los que está habilitado. Esto es, por así llamarlo, la definición ideal, pero ¿es así realmente? Sobre todo, habría que ver si eso de «los servicios para los que está habilitado» se queda ahí o va más allá.

Todo lo que voy a explicar ha pasado, como mínimo, cinco veces en mi realidad traducto¿lógica? y otras tantas durante la actividad de gestor de proyectos. Las siguientes razones puede que también atañan o afecten a las agencias de traducción, pero suelen ceñirse más a los clientes directos.

comienzo

ASÍ PUEDE SER TU CLIENTE DIRECTO:

El lacónico o el parco

1. Si X te envía un texto en un correo electrónico cuyo cuerpo o asunto del mensaje dice «para traducir» y no añade absolutamente nada a ese sintagma tan aclaratorio. Ducho en las artes del laconismo, te obliga a ser ducho en las artes adivinatorias.

X es cliente directo.

Humilde recomendación: A pesar de que suene a obvio, convendría enviar tu tarifa de traducción y una respuesta amable en la que le instes a darte más información sobre el encargo (fecha de entrega, combinación de idiomas o incluso si quiere que se traduzca a varios idiomas). Muéstrate atento, aunque te enfade o desespere su laconismo o desconocimiento sobre la profesión. Esto valdría si es la primera vez que el cliente contacta contigo. En caso de que el cliente directo sea siempre lacónico, podrías solicitarle educadamente que te envíe más información con los encargos de traducción, pues así se ahorrará un futuro intercambio de correos electrónicos hasta saber qué desea. El cliente lacónico no suele ser amigo de recibir llamadas así que normalmente no convendría llamarlo para aclarar condiciones del encargo de traducción.

2. Si X responde a tus dudas traducto¿lógicas? —esas que has tardado diez minutos en redactar para que quedasen claras y así X supiese qué contestar— con frases célebres como: «lo que tú creas», «no lo sé», «sí», «no», «puede ser», entre otras.

X es cliente directo.

Posible protocolo de actuación: Toma la decisión traducto¿lógica? que más sentido común tenga y cuando envíes el documento insiste en que tenías esa duda. Vela por ti y cúbrete las espaldas. Si no ha querido o sabido o tenido tiempo (para) responder a tu duda, al menos, que se vea que te preocupas por entregar un trabajo de calidad. 

Imagen ilustrativa: Al menos, él se expresaba como nadie con los gestos. 

charles-chaplin_laconismo_parco

El desconocedor, el empanado o el que está en la parra (O el que «se hace el despistado, pero no lo es»)

3. Si tras X haberte enviado una traducción de 5 000 palabras para que se termine en 48 horas, envías un correo —dentro del plazo— con dudas XYZ y X no te responde. Si llamas por teléfono y no lo coge nadie o te encuentras con la frase célebre: «Uy, don X está reunido». Si indicas en negrita que has tenido esas dudas XYZ y con el título antecedente «NOTA IMPORTANTE» en el correo electrónico en que adjuntas la traducción y a los quince días X te dice: «¿por qué has hecho o escrito XYZ? Por favor, vuelve a mirar eso cuanto antes y añade estas otras 1 200 palabras».

X es cliente directo.

Recomendación para el traductor: ¡Paciencia! Hay muchos clientes que no leen (o no leen debidamente) los correos electrónicos. Aunque trabajes mucho con ese mismo cliente y ya sepas que no suele responder, recomiendo dejarlo siempre por escrito. ¿Tuviste una duda? Pregúntale. Más vale preguntar o destacar dudas y errores del original que curar. Se debe ver que has hecho lo posible por subsanar el problema. En ningún caso, supongas que el cliente directo va a recordar aquel correo que le enviaste con las dudas XYZ. Vuelve a enviar las dudas con el envío final de la traducción, al menos, destaca que las tuviste. Véase caso 2.

NOTA IMPORTANTE: Este supuesto es aplicable a cualquier otra vicisitud que pueda tener que ver con el proceso de traducción: fechas de entrega, facturas, impagos, etc.

Paciencia aunque realmente te gustaría hacer esto: 

 4. Si en el encargo de traducción X te pide una «traducción jurídica» —también podría denominarla «traducción legalizada» o «traducción apostillada»— es muy probable que se refiera a una traducción jurada.

X es cliente directo.

Recomendación: Pregunta siempre si se refiere a una traducción jurada con sello y firma. Y si X te responde: «sí, sí, eso, eso…», con lo que todavía observas dudas en sus palabras o mero desconocimiento, explícale bien en qué consiste y qué validez tiene una traducción jurada y, además, si fuese necesario repite la aclaración por escrito, porque si no haces esto puede ocurrir que…

 5. Si al recibir una traducción en papel, firmada y sellada X te pregunte: «¿y para qué me la imprimes?» O «¿por qué me sellas el texto?».

En ambos casos, X es cliente directo.

6. Si X te solicita una interpretación simultánea de 4 horas para un simposio y X no entiende que no puedes ir tú solo.

X es cliente directo.

Recomendación para el traductor e intérprete: Hay que explicar que el intérprete no puede estar hablando 4 horas seguidas. Todavía menos, puede interpretar a diversas personas prácticamente a la vez. Pasados 20 minutos ya ni sabrá en donde está su cabeza. Los intérpretes muy buenos son capaces de trabajar unos 45 minutos seguidos, pero siempre se recomienda que haya varios. Para más información, pregunten a intérpretes —que saben mucho más que yo de esto— o me pueden preguntar y recomendaré a intérpretes para que expliquen la dificultad y los entresijos de una interpretación. En ningún caso, se trata de ir a conversar, hablar ni decir lo mismo que dice el otro interlocutor. Esto se debe aclarar siempre al cliente directo.

 7. Si te llega un encargo de traducción y te ves haciendo piña, juntos y reunidos por un Para: con todos tus compañeros traductores (que conoces o no), el correo electrónico te lo ha enviado X. X ha añadido a todos los traductores que aparecían en alguna lista y los ha incluido en Para: al enviar el correo.

X es cliente directo.

Recomendación: Si te urge trabajar, responde muy rápido. ¿Cuántas respuestas recibirá X de entre tus 50 compañeros? Normalmente, si eres muy rápido, diligente y en el correo de respuesta demuestras saber de lo que hablas y eres educado, no hace falta que tu tarifa sea la más baja. Tu respuesta a esta clase de correos debería depender de lo que solicite X. Intenta ser explicativo y, sobre todo, indicar claramente todo lo que X ha requerido en su comunicación.

8. Si el cliente ha enviado el correo incluyendo a todos en Para:, es porque probablemente sea de los que no sabe en qué consiste tu trabajo. Debes tenerlo en cuenta. Este tipo de envíos suele realizarlo un X que nunca ha estado en contacto con ningún otro encargo de traducción.

Algunos traductores optan por no responder a este tipo de encargos en masa. ¿Para qué voy a estar peleándome por un certificado de notas de 30 €? Como siempre, toda actitud es válida y responder o no depende de la necesidad e idiosincrasia de cada traductor.

El Messi (cliente que regatea, incluso aunque hayas hecho 200 traducciones para él). Siempre quiere regatear y si puede marcarte el gol también.

Vídeo ilustrativo (parte de su terreno de juego, intenta regatearte y, si puede, meterte el mejor gol posible…): 

9. Si X te pide 3 copias de una traducción jurada de 15 páginas, y no comprende (a veces, te tildan de estafador) que cobres por ello.

X es cliente directo.

Recomendación de explicación al cliente directo: La tinta, el tiempo que se tarda en imprimir, firmar y sellar o los folios cuestan su dinero y tiempo. ¿Si fuese un notario, en lugar de un traductor, rechistaría porque le cobres el resto de ejemplares? Mi humilde consejo: En casos como este, sí hay que mostrarse duro. Cuidado, no confundirlo con maleducado. Simplemente hay que dejar claro que el trabajo de calidad hay que pagarlo. También es cierto que si se trata de un cliente habitual, puedes ofrecer un descuento o tener el detalle de hacerlo gratis. Si hicieses esto, recomiendo que dejes claro que la gratuidad no es perpetua.

 10. Si X te envía un encargo, pero antes de ni siquiera haber dicho «hola» ya está aludiendo a posibles descuentos por volumen. Si X promete enviarte muchos más documentos, porque ahora está tratando mucho con el país XYZ. «Ya verás. Cóbrame menos, porque vendrá más trabajo».

X es cliente directo.

Humilde consejo: ¡Cuidado! ¿Cuánto es mucho volumen de trabajo para un cliente? ¿Enviar una traducción de cuatro páginas cada dos meses? ¿Enviar quince páginas a lo largo de todo un año, aunque sea en envíos fragmentados? Como en el resto de los casos, en función de la situación de cada traductor, se puede ofrecer un descuento o no. No obstante, creo que si empiezas aceptando descuentos desde el principio, acabarás trabajando por peanuts para ese cliente. Y asumir rebajas desde el comienzo, no solo puede conllevar a trabajar por peanuts, sino a que intenten presionarte por tiempos de entrega u otros servicios. Tienes un precio. Ofreces tu calidad por ese precio. Ya decidirás tú, si la relación laboral marcha bien, cuando hacer descuentos. Cuidado con ofrecer tu mano a las primeras de cambio, porque pueden cogerte el brazo (y no soltarlo o intentar abarcar todo tu cuerpo). Sirva la metáfora…

Por supuesto, habrá X que vean tu gesto como una deferencia hacia ellos y te valorarán. De todo hay… En resumen: ¡cuidado!

11. Si X no te ha abonado una factura y elude tus reclamaciones de pago.

X es cliente directo.

Una de las grandes dudas del traductor: ¿Qué hago en este caso?: Si en los demás supuestos dependería de cada cliente (y de la concepción o necesidad de cada traductor), en esta labor peliaguda no iba a ser menos. De hecho, diría que cada caso puede variar. Hay diferentes factores que se deben analizar o tener en cuenta. ¿Cuánto tiempo he acordado con el cliente?

– Empezaría por recomendar que se acuerde un periodo de pago con el cliente. ¡Desde el principio! No pasa absolutamente nada. Trabajas, entre otras cosas, para ganar dinero. Es tu dinero. Así que nada pasa por intentar fijar un plazo de pago desde el principio. Tampoco hace falta establecer un día exacto, pero sí, al menos del día Y al día Z. Si a pesar de haber concretado esta fecha, X se retrasa, hay que reclamar.

¿Cuánto tiempo le permito retrasarse (con los pagos)? O, dicho de otro modo, ¿cuántos días después de la fecha establecida le concedo de complacencia antes de empezar a reclamar?

– Si se trata de un cliente nuevo, intenta llegar al término medio entre agobiarlo y dejar que se malacostumbre. No sé, quizás pasada justo una semana estaría bien que le enviases ese correo electrónico de petición educada de dinero. Y, lo siento, pero sí… En muchos de estos casos, hay que llamar directamente por teléfono (aparte de enviar el correo electrónico para que quede constancia de todo por escrito).

En definitiva:

1. Concretar periodo de pago antes de empezar a trabajar con un cliente. La fecha debe ser «real». Ni cuatro días después de la entrega, ni noventa días.

2. Empezar a reclamar pasada aproximadamente una semana de la fecha establecida. Si no estableciste fecha al inicio de la relación laboral, recomendaría reclamar pasado un mes de la entrega.

3. El dinero es tuyo. Los clientes están acostumbrados a estas lides y el «fallo» viene de ellos. No tengas vergüenza por reclamar (y si hay que llamar por teléfono, ¡adelante!).

El ansias (Te pida lo que te pida siempre es urgente. Siempre quiere que «le hagas un hueco a su traducción». Este puede marearte con varios correos durante el día a ver cómo llevas su traducción… si la ya empezaste…)

12. Si X te promete un correo electrónico, si X te dice que estés atento (sobre todo, suele pasar cuando se trata de promesas de envíos fuera de un horario laboral común) y NO lo envía ni ese día, ni el siguiente (y no responde a tu Oiga, que me dijo que me enviaría un correo ayer y no me lo envió. Le escribo por si acaso el correo no funcionaba.). 

X es cliente directo.

 

Recomendación: Si no te gusta trabajar a deshora o fuera de un horario laboral común, no atiendas a promesas. Si te indican que te llegará un correo a las 19.30-20.00 h, di que no lo verás hasta la mañana siguiente. Como todo, esto también depende de la necesidad del traductor por conseguir encargos. Sin embargo, malacostumbrar al cliente a que estás conectado y atento a toda hora, puede conllevar que pierdas más tiempo y dinero que si le hubieses dicho que no trabajas fuera de hora.

También se podría indicar al cliente que solo trabajas fuera de hora laboral común si cobras suplemento de urgencia. ¿Cuánto? En los tiempos que corren no puede ser muy alto este suplemento. ¿Por qué? Porque habrá cualquier otro traductor esperando para hacer el trabajo que tú has rechazado o para atender al cliente fuera de hora.

 

Vídeo ilustrativo (Sheldon Cooper, The Big Bang Theory, puede resultar menos molesto que este tipo de clientes): 

El utópico (primohermano del El ansias) quiere 10 000 palabras para mañana. Quiere que hagas tú la traducción del alemán al español, al francés y al inglés. ¿Tú sabes francés e inglés, no? Pues venga, hazla. Quiere que le llegue un envío por mensajero de Las Palmas de Gran Canaria a Cangas de Onís en el mismo día. Quiere que pagues el mensajero.

Vídeo ilustrativo (Ethan es un juego de niños en comparación con lo que hay que hacer por un cliente): 

NOTA: Las cantidades de palabras y tiempos que se exponen son aproximadas.

El ideal (te explica todo lo que quiere en un correo. No suele requerir nada extraordinario. Te envía el texto y te deja relativamente bastante tiempo para la entrega e incluso puede destacar de vez en cuando tu diligencia y buen hacer).

 Si X te envía un encargo de traducción con un asunto y un mensaje bien escritos. En la línea de asunto ya viene de qué va la traducción, por ejemplo: «traducción sentencia DE-ES». En el cuerpo del mensaje te saludan, no cometen faltas y explican lo que quieren brevemente, pero de manera concisa y clara, por ejemplo: «Hola: Nos gustaría traducir este texto de 2 523 palabras del DE al ES. Fecha de entrega: xXs. No requerimos presupuesto. Gracias de antemano. Saludos, XXX».

En general, creo que los traductores coincidiremos que, aunque a nosotros nos guste hablar y escribir, un correo engorroso, largo y poco claro nos hace perder demasiado tiempo (intercambio de correos y esperas hasta saber qué quiere realmente el cliente). El cliente directo ideal tampoco insistirá en cambiar fechas de entrega o en acelerar el proceso de traducción una vez ya estés inmerso en él. Por supuesto, el cliente directo ideal suele acatar las tarifas de traducción e interpretación, pues confía plenamente en tus servicios y en tu saber hacer.

Este cliente será el que reciba tu postal en Navidad. Este cliente será el que reciba descuentos propuestos por iniciativa propia del traductor. Este cliente será el que reciba favores sin que el traductor exija algo a cambio. Este cliente será el que reciba su traducción un día antes de la fecha de entrega.

Muchos clientes directos se acercan a ser de este tipo. La traducción es una profesión cada vez más conocida con lo que los clientes directos ya saben qué pedir y cómo hacerlo. Como sucede en diferentes sectores profesionales, un traductor e intérprete puede encontrarse con cada una de las clases de clientes expuestos. Hay que intentar «quererlos como son», pero también ir instruyéndolos si no se empieza con buen pie.

A veces, los clientes directos acuden a ti como salvador. El mesías enviado a la tierra para solventar todo el papeleo que no sabe realizar o simplemente no ha leído las instrucciones de la administración (o no las entiende; no sería de extrañar, pues la redacción de alguno de los documentos de las administraciones públicas… ¿qué les voy a contar?). Esto suele ocurrirle a los traductores jurados, pero y ¿esos traductores literarios que reciben correos de escrituras de compraventa, porque mi primo que es amigo tuyo me dijo que tú sabías idiomas…y eras eso de traductor? Si eres traductor, puede sucederte esto seas de la especialidad de la que seas. Nadie se libra.

La mayor parte de los supuestos mencionados ocurre por desconocimiento de la profesión de traductor o de intérprete. Con lo que recomendaría educar al cliente. El cliente directo no está obligado a saber de qué va todo esto con lo que le vendría bien que le fueses explicando poco a poco. Así sabrá qué servicio está solicitando y por qué servicios va a pagar.

¿Qué les parece esta clasificación? ¿Se han encontrado alguna vez con algún cliente directo parecido? 

¡Aporten sus experiencias!

Traducción y banderas

 

Gracias por su atención y espero que sirvan los humildes consejos. Si algún cliente leyese esta entrada, nótese que la he redactado desde el cariño y el respeto 🙂 (y también pueden aprovecharla para aprender y mentalizarse).

¿Cómo detectar a un traductor? 25 razones… ¿para odiarte o para amarte?

¡Hola!

En primer lugar, agradezco a Irene [@IreneFV_] y Scheherezade [@Scheherezade_SL] (las creadoras) y a Darío [@dgimirizaldu] (el diseñador) que hayan tenido esta GRAN idea…

En esta entrada, voy a desentrañar ciertas verdades y circunstancias que circundan a una profesión de letras, pero no solo de los caracteres escritos va esto… Voy a ayudar a aquellos que estén perdidos… A aquellos que no sepan cómo actuar cuando lo vean… A aquellos que cuando lo oyen no saben qué decir (ni si decir algo…). Las verdades y circunstancias que se van a enumerar aquí, pueden dañar la imagen de algunos e incluso puede perjudicar a la citada profesión de letras; o no. Si alguien de fuera de la profesión sabe mirar a este artista de las letras con “buenos ojos”, puede ocurrir algo bien distinto. El profesional de las letras al que me refiero es: el traductor (ya lo decía en el título, pero, como buen traductor, me gusta una parafernalia y “enrollarme” a la hora de iniciar una entrada de blog).

Como pueden ver, la supuesta máxima institución de la lengua española, el DRAE, lo define así:

Y, como suele ocurrir en los casos de adjetivos o sustantivos que tienen verbo, hay que estar buscando más allá, pues la definición de “traductor” es escasa. Y define “traducir” así:

¿Ayuda esto a conocer a un traductor? Me parece que tenemos más de la acepción número 3 que de la 1 (casi, casi…). Así que tras haber comprobado que las definiciones no colaboran… ¿quién mejor que un traductor para ayudar al resto a saber si está ante uno?

¿Cómo detectar a un traductor? 25 razones… ¿para odiarte o para amarte?

¡Atentos! Empezamos…

Si estás con amigos y con X en una casa viendo la televisión, y de repente X exclama: “se dice hubo y no hubieron”, aunque X parezca igual de insistente en su repelencia que el avión, no hagas como Cary Grant en este video…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

Las acciones más comunes o los encuentros sociales más cotidianos…para X son distintos. ¡Fíjate en cómo se comporta X en situaciones aparentemente “normales” para el resto!

¿Cómo detectar a X en el restaurante?

1. Si antes de entrar al restaurante, X se para y mira hacia arriba… Te preguntarás qué mira, ¿no? ¡Está mirando el cartel y no quiere entrar porque el italiano se llama ‘cHao Bella Italia’! ¿A quién se le ocurre? Con ese nombre mal escrito, la comida no puede ser buena…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

2. Si estás con X en un restaurante y empieza a ladear la cabeza como buscando al camarero, pero no lo llama… es que se está escondiendo de él. No quiere que lo vean, porque… ¡va a sacar una foto a alguna errata de la carta!

X es traductor, ¡te lo aseguro!

3. Si estás con X en un restaurante y a la hora de hacer su pedido de la bebida dice algo extrañísimo… Y tú te preguntas: “¿Qué ha dicho? Yo he pedido una coca-cola…” X habrá pedido una Krombacher (pero lo ha pronunciado en alemán…) con lo que ni siquiera el camarero le ha entendido…

X es traductor, ¡te lo aseguro! (Y, además, estuvo de Erasmus y ahora, a su vuelta, va por ahí pidiendo todas las cervezas que probó… Dentro de las fricadas del traductor, la práctica del idioma en cualquiera de las oportunidades que tenga, es de las más preciadas.).

4. Si estás con X en un restaurante y ves que está mirando fijamente hacia la mesa y no presta atención a lo que le dices… ¡Olvídate, porque se ha ensimismado en el apasionante mundo de la lectura de ingredientes! Es que el bote de kétchup los tiene en varios idiomas… ¿cómo resistirse?

X es traductor, ¡te lo aseguro!

X suele retratarse así con la música

5. Si estás con X en un karaoke y es el único que se empeña en cantar una canción en inglés durante toda la noche en ese karaoke…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

6. Si el gusto musical de X abarca desde Bob Marley, pasando por Elvis Prestley, hasta U2 (todos cantan en inglés con acentos ingleses distintos – esto es primordial también).  Nótese su exacerbado gusto por Muse y Rammstein (si no le gusta “Pepe”, le gusta “Juan”; ¡no falla!)

X es traductor, ¡te lo aseguro!

7. Si X tiene un gusto musical como,…demasiado inglés… Conoce grupos que no conocen ni los propios músicos… Es el rey de tendencias musicales que ni se mencionan en España y si el nombre de la tendencia lleva “indi” en él, mejor que mejor…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

8. Si X se atreve a cantar en otros idiomas (da igual que sea suajili…porque habrá buscado significados, pronunciaciones, entonaciones, etc.) Sobre todo, en inglés… ahí es el rey. No hace como el resto… que se limita a pronunciar la última palabra de las frases de la canción. No, no, él se la sabe entera.

Aunque suceda algo como en este video…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

Si sucede alguna de las siguientes situaciones en relación con series, películas o programas

9. Si X está viendo contigo el programa Password y, tras ver lo siguiente, exclama: “¡Así va el país!”

X es traductor, ¡te lo aseguro!

10. Si X se empecina en ver las series y las películas con esas letritas debajo…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

11. Si X ve tantas series como dedos tiene en el cuerpo y se autodenomina “seriéfilo”… Ve series ya sin discriminar. Tan diferentes entre sí como Gossip Girl, True Blood o Modern Family (se recomienda pronunciarlas “modo traductor” para ir empatizando…)

X es traductor, ¡te lo aseguro!

12. Si hablas con X de cualquier serie y la conoce (pero no solo le suena el título, sino que conoce la productora, los actores, el guionista e incluso conoce al que sirve los cafés…) Ejemplo: “Sí, sí. Sé cuál es… he visto algún capítulo, pero no la sigo… En el capítulo 1×04 sale Matt LeBlanc, el de Friends”.

X es traductor, ¡te lo aseguro!

Y así suele comportarse X en diferentes situaciones.

Batiburrillo de situaciones traducto¿lógicas?:

13. Si X está bebiendo cervezas con amigos… Lleva ya unas cuantas, pero aun así, suelta de repente un cultismo (que le hace quedar como el repelente del grupo)…

Ejemplo: “Opino que habría que pensar más y mejor: cogito ergo sum

X es traductor, ¡te lo aseguro!

14. Si X está manteniendo una conversación contigo, y, de repente, introduce una palabra en inglés, alemán, francés, idioma Y…en dicha conversación. Por ejemplo: “¿Y si vamos hoy a la beach?” Estudios sicológicos aseveran que tiene unas ansias desmesuradas por practicar el idioma. ¡Entiéndelo!

X es traductor, ¡te lo aseguro!

15. Si X llama a sus estanterías de libros “biblioteca” y, además, en ellas tiene libros tan variopintos como estos…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

16. Si X aparentemente no está trabajando, y, de todos modos, no sale a lo que tú ves como un fiestón un sábado, porque tiene cosas que hacer… (Traducción urgente de 5000 palabras que llegó el viernes a las 17.00 horas y la entrega es el lunes a primera hora)… Si, además, se queda en pijama de invierno… ¡sospecha! Ese se va a quedar trabajando. 

X es traductor, ¡te lo aseguro!

17. Si X habla de palabras y céntimos o de números de modelos como quien habla de banca. En realidad… no es una buena comparación, ¿no?

X es traductor, ¡te lo aseguro!

18. Si, de repente, le para un turista y en lugar de señalar a otro para que le conteste… o salir corriendo, X atiende a ese ciudadano extranjero despistado.

X es traductor, ¡te lo aseguro!

19. Si, tras atender a ese turista, ves a X con cara sonriente, como de satisfacción… Eso es que está contento por haber practicado el idioma con un nativo. “Se siente realizado”… Ya eran 3 días sin utilizar el inglés…

Así de contento estará…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

20. Si X tiene en su CV la licenciatura de TeI, pero no es la única titulación superior que aparece. (Probablemente, su avidez de conocimientos – eufemismo de: sabelotodo o enterado – le llevó a hacer otra cosa o a especializarse).

X es traductor, ¡te lo aseguro!

21. Si X lee algo en un idioma extranjero que tú creías que era inglés y lo hace de una forma ¿rara? que no entiendes. O si X durante una conversación afable entre amigos pronuncia McDonald’s como /MACDOUNALS/ en lugar de /MACDONA/

… sin superar a lo presente…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

22. Si ves que X por su blog, Twitter, Facebook, red social varia critica a un tal “PM”…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

23. Si a X le gusta cocinar más de lo que podría ser habitual para un cocinero no profesional… Suele deberse, en las nuevas generaciones a que han ido de Erasmus y han tenido que aprender, al final. Como friquis… pues aprenden los platos del lugar, etc. Se les reconoce especialmente, porque pueden cocinar un plato polaco o danés, por ejemplo.

X es traductor, ¡te lo aseguro!

24. Si juegas con X al Trivial y no domina ningún color en concreto, pero acierta las que nadie se sabe. Suele reconocérsele porque se le pregunta: “¿Pero tú no sabías idiomas? ¿Cómo es que te sabes eso? Bah, te las sabes de memoria…”

X es traductor, ¡te lo aseguro!

25. En el caso de los hombres, si ves a X rodeado de 40 mujeres.

X es traductor, ¡te lo aseguro!

25 (bonus track). Si ves a X, hombre, solo con 14 mujeres tomando una caña…

X es traductor, ¡te lo aseguro!

Antes de finalizar y por si todavía no tienes claro cómo detectar a un traductor… Aquí tienes un video muy ilustrativo de la vida de un traductor de a pie.

¿Qué te han parecido las 25 razones? ¿Para odiar o para amar a un traductor?

¡Traductor, atrévete y comenta tu rareza (con su número)! O aporta tu rasgo traducto¿lógico? más inconfesable 🙂

¿Cómo creen que termina la película?

¿Así? [Suponiendo que X está entre los vietnamitas…] 25 razones para ODIARTE

o ¿así? [Suponiendo que X es Demi Moore, la alfarera…] 25 razones PARA AMARTE

El traductor… ¿nace o se hace?

Hola:

El saludo va dirigido a todo aquel que lea estas divagaciones; divagaciones, en su tercera acepción del DRAE. Por supuesto, saludar debe ser lo primero, pues como dicen: «El saludo no se le niega a nadie». Disculpas anticipadas por lo personal de los pensamientos, pero tómenlo como una presentación en el sentido de un quién soy en mi vida laboral.

Me gustaría abrir el blog con una entrada dedicada a cómo llegué a ser traductor, en concreto, traductor jurado de alemán, traductor de inglés a español y revisor de textos escritos en español. Además, también me gustaría (querer es poder) que participen y cuenten cómo han sido sus experiencias.

Vamos, siéntense que empieza esto. ¡Atentos! 🙂

Érase una vez, un niño de 9 años que se aburría en sus clases del colegio público hasta que su profesora —¿las seguirá habiendo así de preocupadas por su alumnado?— le propuso algo a los padres del pequeño. Esa proposición, no indecente, era simple, pero requería un esfuerzo; un gran esfuerzo. Dijo: «¿Y si intentamos que el niño entre en el Colegio Oficial Alemán?». Dicho y hecho —no fue tan fácil, pero para resumir. Tras superar unas pruebas de admisión, ese niño ya con 11 años inició su idilio con los idiomas. Ese niño soy yo.

Desde entonces, siempre he estado rodeado de palabras. Ellas me atacan, yo contraataco. El colegio empezó convenciéndome de que el alemán era magnífico. Lógico, estaba aprendiendo un idioma, que además no era inglés, lo que le daba cierto exotismo al asunto. Así que mis alabanzas diarias al alemán y a lo que aprendía en el colegio hacían que el esfuerzo valiese la pena. Sin embargo, allá por 1.º de bachillerato, me topé con una magnífica profesora de español. Lengua siempre había sido una asignatura de las de nota, pero me gustaban más otras como Historia o, incluso Química, sí, Química, no me he equivocado. Pero —y aquí se demuestra que la importancia de tener un buen profesor que sepa motivar a los alumnos es determinante— el español empezó a cautivarme. Me gustaba hasta el análisis sintáctico. Entre complementos predicativos y calambures terminé la formación en el colegio con dos selectividades, el Abitur y la selectividad española. No quise irme a Alemania y había que tomar la decisión ¿de mi vida? De la laboral, al menos, sí…

Licenciatura de Traducción e Interpretación (TeI) era el nombre de mi primera opción para entrar en la universidad. ¿Por qué? El traductor… ¿nace o se hace? Con 18 años, mi mente fue capaz de pensar (menos mal) que si las asignaturas que más me gustaban eran Historia, Español y Alemán, algo había que descartar. A partir de este pensamiento, la pobre Historia fue eso: «historia» para mí. TeI conjugaba bien las otras dos, así que White and in bottle: milk.

Entonces, ¿existe la vocación? Pienso que no. Si no se entremezclan todas esas circunstancias que he contado, no hubiese sido traductor o, al menos, hubiese habido un número menor de posibilidades. No entiendo a aquellos que dicen que son esto o lo otro por vocación. Otra cosa será que te dediques a una profesión porque te ha gustado desde hace tiempo; esto vale. «Soy profesora por vocación». Eres profesora porque hiciste Magisterio, hiciste un máster o pasaste unas oposiciones y has tenido plaza, por ende, esfuerzo, estudio o suerte, por ejemplo. Desde luego, puede que tu profesión sea una u otra porque te ha gustado desde hace tiempo y has luchado por conseguir ser eso, pero, no sé, la vocación no se lleva bien conmigo. 🙂

También hay muchos, en el caso de TeI por ejemplo, que empezaron la carrera por motivaciones parecidas a las mías = me gustan los idiomas y quiero trabajar con ellos… y ahora aborrecen la traducción. Y ¿por qué se llega a esta última situación? Pues la razón principal, entre otras, me parece bastante simple: saber idiomas no es traducir. Posiblemente, traducir requiere una serie de características del traductor prácticamente indispensables para su práctica… la de traducir, digo (ya saben: estar sentado varias horas desgranando y desmembrando frases, ser jefe, organizador y gestor de proyectos, etc.).

Y, así, me convertí en traductor jurado de alemán. Ahora me gusta más el español que el alemán, pero sobre todo, me gusta traducir o revisar textos. Me gusta escribir y poder expresarme gracias al intento cada día de dominar la palabra —que para eso está, por cierto. Parece que a algunos traductores y profesionales que están envueltos en palabras a diario se les olvida que no dominan el idioma nativo por el mero hecho de haber estudiado una carrera relacionada. ¡No! Debemos dudar mucho más de nuestras frases: ¡nuestros textos lo agradecerán! En la sociedad que estamos es un logro hacer que la gente pueda entenderse. Esto también lo consigue un traductor con sus trabajos y, por supuesto, un intérprete.

¿Y ustedes? ¿Cómo llegaron a ser traductores? ¿Preferirían tener otra profesión?